Rhapsodos El Huracán Carmesí

Cantidad de envíos: 43 Edad: 19 Fecha de inscripción: 05/09/2008
 | Tema: La isla de los sueños. [1,2 & 3era parte.] 2008-10-15, 1:46 pm | |
| Con un pié aún en la isla de los sueños, Gaia bajó la escalera tras el asesino. El comedor de la taberna estaba lleno de gente que roncaba al calor de los rescoldos de la chimenea. Salieron a la calle. El nigromante los esperaba allí, con una lámpara de aceite colgando de su báculo y junto a un caballo de estampa soberbia y más negro que la noche. El jinete, un guerrero demoniaco, estaba desplomado sobre el lomo del caballo, abrazado a su cuello y atado a él con las propias riendas.Todo vuestro, comentó el nigromante torciendo al mismo tiempo, la cabeza del jinete para que pudiesen observar el tatuaje que corría desde su oreja hasta perderse bajo el cuello. - Pero claro, ¿Habéis traído lo que me pertenece?Un trato, es un trato, le respondió Gaia una vez, puesta la mano en el cuello del Jinete inconsciente para asegurarse de que aun continua con pulso.Entonces, nos veremos en la capilla de la catedral antes de la apuesta de sol, propuso golpeando el pavés con el pomo de su báculo que con un rechinar odioso, hizo vibrar los pies de los que le rodeaban envolviéndolos en una fresca brisa que no tardó en cesar. En ese entonces, este marchó por el recoveco de un callejón.¿Algo qué comentar, Kadaj?, Prosigamos, respondió el asesino a Gaia, una elfa de pié a cabeza. Estos, se dirigen a la posada más cercana donde, descansarían para emprender una nueva aventura, peligrosa y entretenida.
Parte 2 Tanto Gaia como el asesino, Kadaj, fueron a pasar la noche en una posada de lo más humilde. A medida que pasaba el tiempo, los pesados párpados de Gaia se iban cerrando, cayendo sobre sus pupilas y entornando un sueño imparable pero, cuando el hipocausto de la habitación cesó, el corazón de la elfa dio un vuelco sobre sí. Una espantosa figura hizo sombra. La elfa, se giró enseguida tras observar como la sombra se creció en la pared y con un rápido giro de muñeca provocó un derrame de sangre de lo más curioso, una sangre viscosa y de color vino. Con una daga de una gran longitud logró alcanzar al enemigo, un Licántropo en su forma. - ¡Despierta, despierta Kadaj! - Gritó para que el asesino lograse escucharle pero para ese entonces, extrañamente, este no se encontraba en la habitación. Gaia, se revolvió como pudo entre las sabanas de la incomoda cama pero como una red, la tenía atrapada hasta que, el Licántropo con sus afiladas y largas uñas, intentó degollar a la Elfa. En ese entonces por arte de magia, Gaia logró desembarazar la pierna de la enredadera y cayó de la cama desesperada. Con esto, logró evadir una muerte segura. Su enemigo, de cuerpo esbelto, alto y peludo como un lobo cualquiera, aulló y corrió detrás de su presa que, con gran velocidad, huyó por la ventana. Cuando el hombre lobo consiguió bajar de un salto a la calzada, se encontró con una nueva silueta dibujada por la luz de la luna y la tibieza del fuego de las antorchas. Se trataba del asesino Kadaj, y detrás de él, el caballo con el jinete montado sobre su lomo. La astuta elfa se encontraba aun sobre los tejados que con gran agilidad, típico de un elfo, logró escabullirse y burlar a su rival. Esta, observaba atenta el nuevo encuentro. El asesino, mitigó su enojo y lo encerró en la "Tsuka" para liberarlo en un golpe certero. La peluda figura del licántropo no puede esperar y este corre a una gran velocidad llevándose una zurda hacia detrás para prepararla a un golpe mortífero que, cuando llega al asesino, estira la mano con la inercia recogida para alcanzarlo con sus puntiagudas uñas. El asesino, hizo ademán de desenvainar en ese entonces, pero, optó por fintar en un rápido movimiento zigzagueante y una ves evadido el bruto ataque de su enemigo, desenvainar sobre su costado. Al desenvainar, el brillante filo de la doble hoja de su katana, logra cercenarle por completo el costado haciendo del suelo, un charco de sangre.
No hubo palabras hasta ese entonces, el atacante había huído después del encuentro con el asesino.- Kadaj, ¿Dónde has estado? - Preguntó la Elfa.El asesino alzó la mirada hacia el cerúleo del cielo y con la doble punta de su katana boca abajo que de forma continúa como un riachuelo, cae gota por gota, la sangre de su enemigo sobre el pavés. - He... estado, pensando. - Respondió tras lanzar un corte oblicuo sobre el aire para terminar de limpiarla y devolverla a su lugar, la vaina. - Bueno, da igual - Prosiguió Gaia con una sonrisa - Ya es la hora de encontrarnos con él. - Afirmó.
Parte 3 A paso lento, caminaron hasta un alzado monasterio muy blanquecino y resplandeciente. Sus propios cimientos iluminaban los alrededores con un tenue brillo escandaloso que, con la poca fuerza que le daba la luna, sin necesidad de antorchas se bastaba. La apuesta de sol estaba por caer, y como habían acordado, se encontrarían con el gran nigromante en la capilla en este preciso instante. El jinete se encontraba amordazado de pié a mano, en la habitación donde se hospedaron y fueron atacado anteriormente, mientras que el caballo de pelaje negro como la noche, se encuentra en el establo de la misma posada.
La puerta del pabellón se mostró chirriante aunque a pesar de la vejez de esta, se mantenían en un buen estado. - Hasta que por fin llegaron, - Dijo una voz que resonó hueco en ese momento en el interior de la capilla. Gaia y el asesino, caminaron con firmeza esperando cualquier tipo de movimiento ofensivo en todo momento. Cuando ambos se situaron en el centro de la capilla, una luz enfocó cegante a los personajes y de su alrededor, se dibujó con el zigzagueante movimiento de una serpiente, un circulo, formando un muro de más de dos metros de altura levantado con las mismas llamas de un fuego negativo, azul. - ¿Qué haces? - Gruñó Gaia en su momento tras haber girado sobre sus talones, algo enfoscada por el mal trato. - Te hemos traído lo que querías, ahora, déjanos en paz. -. Una llameante tea verdosa navegó y se dirigió como un bólido de fuego hacia el asesino a través del sinuoso fuego azul que se alzaba cortando el camino a su alrededor. Kadaj, se bastó con acercar la testa al suelo y realizar una elegante voltereta hasta acabar con la rodilla hincada sobre el pavés. La tea en ese momento, se mostró inquieto y se dividió de la misma, cuatro bólidos más que sin más, se lanzan hacia los cuerpos de Gaia y Kadaj.
Una silueta bravosa y divina se iluminó en el suelo, se trataba del cuerpo de la Elfa, sus manos se extendieron a cada flanco y sus pies parecieron sobrevolar el mismo suelo a penas unos centímetros. Sus cabellos, enmarañados, golpearon su rostro una y otra vez, agitados por una fuerza inexistente a su alrededor. Los bólidos explotaron antes de poder alcanzar los cuerpos objetivos, como si una barrera se hubiese alzado a su alrededor por un momento.-Sabía que no eras una elfa cualquiera, - Susurró el cuerpo que se adivinó entre las llamas de la barrera que invocó como si no le afectara en absoluto. - ¿Diosa Tierra? - - ¿Qué buscas? - Interrogó, - Busco la manera de abrir el portal, y tu, eres la verdadera clave. - El nigromante, se describe alto, flatulento físicamente y de piel muy pálida. Viste con una túnica de lo más curiosa, verde y con los bordes dorados, haciendo juego con las runas y posesiones que rodean su cuerpo. - Kadaj, entrégamelo y te obsequiare, buen trabajo. - Cada palabra sonaba siseante.Un fragmento de lo más curioso, recogido después de un enfrentamiento de lo más desesperante contra su familia. Todo, parecía haber estado planeado desde el primer momento en el que se encontró a Gaia. Kadaj, el gran asesino de la antigua Camelot, despiadado y malévolo en todo los aspectos. Viste de pié a cuello, con un traje de cuero que de forma ajustada, marca su tórax y demás músculos bien definidos. El blanquecino pelo, que a modo de melena, recaen como de costumbre por su cara dejando a penas visibilidad. Este, se levanta con total tranquilidad y se dirige con pasos realmente silenciosos hasta el nigromante, Khembryl. - ¡Kadaj, no lo hagas! - Gritó Gaia un tanto desesperada.Continuará._________________  |
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